miércoles, 17 de mayo de 2017

      Hace dos años aprendí a renunciar al amor propio en mi vida cotidiana y resultó ser una de las lecciones más importantes en mi vida. Dejé de considerar mi aspecto físico como el centro del universo. En su lugar, empecé a sentir curiosidad por lo que encontraba al examinar a la gente por su andar, sus movimientos, por su forma de hablar... Empecé a buscar maneras de disfrutar de la vida, al lado de mi Juan.

     Y actualmente con él me siento guapa y querida, muy muy querida. Cuando me atrae hacia él y coloco mi cabeza en su pecho, mi oído escucha los latidos de su corazón y huelo el olor a hogar que tanto lo caracteriza y eso me calma, como si estuviera protegida de cualquier peligro posible.

    Además él es el único que sabe tranquilizarme y siempre termina averiguando lo que me pasa aunque yo no se lo diga. A su lado mi corazón rebosa emoción y me doy cuenta de que estoy irremediablemente enamorada de él.

     A veces somos tan parecidos y otras tan diferentes... Aún así, y aunque suene cursi decirlo, creo que nuestras almas están entrelazadas y el resultado lógico de esa especial conexión que nos une es ésa clase de amor altruista. Por una vez en mi vida, y día a día, estoy experimentando algo genuino y sincero, tierno y bonito.

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