jueves, 8 de mayo de 2014

El silencio de la noche.

     Bajé el volumen de la ciudad. Me escondí en la noche y esperé a que todos durmiesen para quedar con el silencio. Es tan tímido... Nunca sé cuando vendrá, pero sí cómo llamar su atención. Huye del ruido. De las multitudes. Le gusta quedar conmigo a solas y quedarnos en silencio durante horas. Convertirse en la única voz en mi cabeza. Ser esa melodía interior que solo se puede escuchar cuando nada más suena. No es que le guste la noche, es que necesita la noche para ser. Es el más humilde. Sin él, yo tan solo sería una más. Otra gota de agua entre la lluvia. Por eso, siempre que puedo, lo busco. Y para ello me escondo donde nada suena. Allá donde nada se oye pero a él se le escucha. Y ahí, entre el silencio, nos volvemos a ver para ser una única persona. Y poder  hacer aquello que tanto nos gusta hacer. Ser y brillar.















     La noche, solo por el silencio, es el momento más mágico del día.

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