jueves, 6 de marzo de 2014

     En las trincheras de la vida adulta del día a día, los tópicos banales pueden tener una gran importancia. La realidad es que los estudiantes aún no saben lo que significa el día a día.
      
     Cada día conlleva aburrimiento, rutinas y pequeñas frustraciones. Por ejemplo, te levantas por la mañana, vas a tu desafiante empleo y trabajas durante 8 o 10 horas. Y al final del día estás cansado y un poco estresado. Y todo lo que quieres es ir a casa y tener una buena cena. Y tal vez relajarte durante una hora e ir a la cama temprano. Porque, debes levantarte al día siguiente y hacerlo todo otra vez. Pero recuerdas que no hay comida en casa. No tuviste tiempo para salir a comprar esta semana debido a tu trabajo.

     Así que ahora después de trabajar debes coger el coche e ir al supermercado. Es el fin del horario laboral y hay mucho tráfico, por lo que llegar a la tienda cuesta mucho más de lo que debería, y cuando llegas, el supermercado está abarrotado, porque es la hora en la que todo el mundo sale de su trabajo y también intenta ir a comprar. De esta forma no puedes entrar y salir rápido. Tienes que deambular por todo el supermercado para encontrar lo que quieres y maniobrar con tu carrito a través de esas personas con carros, que como tú, están cansadas y apuradas. Cuando ya lo tienes todo en el carro, te das cuenta que no hay suficientes cajas abiertas.

     La cola es increíblemente larga, lo cual es estúpido y exasperante. Pero no puedes descargar tu frustración con la pobre cajera, que está sobreexigida en un empleo que sobrepasa la imaginación de cualquiera de nosotros.

     Finalmente llegas al principio de la cola, pagas y te desean un buen día. Después tienes que llevar tus bolsas en tu carrito con una rueda que gira constantemente hacia la izquierda, todo esto a través del abarrotado aparcamiento y luego conducir de vuelta a casa por un lento tráfico de coches.

     Todos han hecho esto, pero todavía no ha sido parte de sus verdaderas rutinas de vida, día tras semana, tras mes, tras año... Pero lo será. Y serán muchas rutinas tristes, monótonas, molestas y sin sentido. Pero ese no es el tema.

     El asunto es que en pequeños sucesos como este: atascos, tiendas abarrotadas, y largas colas me da tiempo para pensar, y si no tomo una decisión consciente acerca de cómo pensar y a qué prestar atención, voy a estar molesta y ser infeliz cada vez que deba comprar. Porque mi hambre, mi cansancio y mi deseo de llegar a casa, hará que parezca que todo el mundo está en mi camino. ¿Y quienes son todas esas personas en mi camino?

     Miro lo estúpidas, repulsivas e inhumanas que pueden llegar a ser en la cola. O qué molesto y desagradable es que la gente hable en voz alta por sus móviles en el medio de la fila. Muchos pensamos así. Resulta tan fácil y automático que no es ni una opción. Es el modo en el que experimento las aburridas, frustrantes y concurridas partes de la vida adulta, cuando automáticamente pienso que soy el centro del mundo y de que mis necesidades y sentimientos inmediatos son lo que determinan las prioridades de todo el mundo. 

     La cosa es que hay formas totalmente diferentes de pensar acerca de este tipo de situaciones. En el tráfico con todos esos coches parados e interrumpiendo nuestro camino, no es imposible que algunas de estas personas en sus coches hayan tenido un accidente de tráfico en el pasado y ahora encuentran tan agobiante conducir que es muy difícil que se sientan lo suficientemente seguros. 

     También puedo pensar en la posibilidad de que todos los demás en la cola del supermercado están tan aburridos y frustrados como yo, y que algunas de esas personas probablemente tengan vidas mucho más difíciles que la mía.

     No penséis que estoy dando un consejo moral o que todos esperan que pienses de esa forma porque es muy difícil. Se necesita esfuerzo y voluntad, y si eres como yo, muchas veces no podrás hacerlo, o no querrás. 

     Pero si estás lo suficientemente atento, podrás elegir mirar diferente a esa señora de ojos tristes que acaba de gritarle a su hijo en la cola. Tal vez ella no siempre sea así. Tal vez estuvo despierta tres noches seguidas sosteniendo la mano de su marido que moría de cáncer. Quizá es la misma recepcionista que ayudó a tus padres a resolver un problema de burocracia exasperante mediante un pequeño acto de bondad. Pero nada de esto es probable, aunque tampoco imposible. Solo depende de lo que quieras creer. 

    Si estabas automáticamente seguro de que sabías lo que probablemente era, es posible que no consideres las posibilidades que son molestas y miserables. Pero si realmente aprendes cómo pensar y cómo prestar atención, te darás cuenta que hay otras opciones. Estará en tu poder esperar una abarrotada, calurosa, lenta y desesperante situación.

     La única cosa que es verdadera es que debes decidir cómo vas a verlo. Tienes la oportunidad de elegir conscientemente lo que tiene sentido y lo que no. Esa es la verdadera libertad que está en la educación y la comprensión. La alternativa es la inconsciencia, la constante sensación de que se tenía y se perdió algo infinito.

   Por supuesto ahora eres tú, el que decide como ver las cosas, como actuar y como pensar.

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